El
anuncio sobre la imposición de aranceles al acero y al aluminio por parte del gobierno estadounidense el pasado 8 de marzo, lleva irremediablemente a preguntarnos si la historia se está repitiendo y ¿Hasta qué punto se está repitiendo? Resulta curioso que al repasar la historia, aquellos que alguna vez se alzaron contra las injusticias después son los protagonistas de las mismas injusticias contra las que lucharon.
En 1732 Inglaterra impuso altos gravámenes al hierro en bruto estadounidense, y además prohibía que los sombrereros tuviesen más de dos aprendices, afectando así las exportaciones de hierro y a la industria del sombrero respectivamente. De hecho, entre las acusaciones que se formularon al entonces Rey Jorge III destacaban la " (...) [destrucción de]
nuestro tráfico en todas las partes del mundo y [la imposición de] contribuciones sin nuestro consentimiento".
Hacia 1773, el antecedente de la declaración de la independencia norteamericana fue el Motín del Té, revuelta provocada por el disgusto de los colonos de las Trece Colonias a raíz de la promulgación de la Ley del Té, misma que confería la exención de impuestos de importación a la British East India Company (un monopolio en toda forma). El mismo Benjamin Franklin declaró en su momento que la imposición de restricciones al comercio era una de las mayores tonterías que podían hacerse:
Most of the statutes or acts, edicts, arrests, and placards of parliaments, princes, and states, for regulating, directing, or restraining trade, have been either political blunders, or jobs obtained by artful men for private advantage, under pretense of public good...(The Complete Works of Benjamin Franklin)
No obstante, la historia nos enseña la enorme verdad que encierran frases al uso como "Donde dije digo, Diego", porque medio siglo después de la independencia norteamericana se aprueba el Arancel de las abominaciones (Tariff act 1828), donde se impusieron aranceles al 92% de las importaciones, hecho que provocó un acto proteccionista a la industria de norte del país, en tanto que los sureños fueron quienes padecieron las nefastas consecuencias al tener que comprar bienes más caros y al mismo tiempo se veían impedidos de exportar su algodón, puesto que las duras imposiciones arancelarias reducían la liquidez de los países compradores. Este hecho sembró el terreno para la guerra de secesión.
Hacia 1930, con ánimo de enfrentar los efectos de la gran depresión de 1929 se aprueba la ley
Hawley-Smoot, ley de aranceles a la importación a cerca de 20,000 productos, hecho que perjudicó el comercio internacional puesto que la reacción inmediata de varios países fue la imposición de medidas de reciprocidad. Por ejemplo, Canadá elevó en 30% los aranceles a 16 productos de Estados Unidos. Gran Bretaña y Francia también adoptaron medidas proteccionistas y otros países diversificaron sus exportaciones a otros países. En su conjunto, estas medidas exacerbaron los efectos de la gran depresión del 29, esto a pesar de que cientos de economistas alzaron su voz en contra de dicha medida. Finalmente esta guerra comercial pavimentó el camino al poder de los nacionalsocialistas alemanes y culminó en la II guerra mundial.
En el gráfico inferior se muestra el comportamiento histórico de los incrementos en los aranceles a la importación de 1828 y 1930. Después se observa un comportamiento regular de bajas tasas impositivas hasta casi 90 años después (fenómeno que parece cíclico) con la administración de Donald Trump.

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James 4 -
Own work https://www.usitc.gov/documents/dataweb/ave_table_1891_2016.pdf,
https://fraser.stlouisfed.org/title/237,
CC BY-SA 4.0,
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Hoy las tarifas de importación que se han anunciado son de 25% al acero y 10% al aluminio, exentando a México y a Canadá siempre y cuando se cumplan las demandas estadounidenses en las negociaciones del TLCAN.
México, por lo pronto, parece que pone a remojar sus barbas al
firmar con 10 países el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) (exceptuando a EE.UU, mismo que también esta
ausente de acuerdos tan importantes como el Acuerdo de París).
Europa espera definiciones, al tiempo que ha
anunciado probables medidas de reciprocidad. La medida evidentemente tiene dedicatoria geopolítica a China, uno de los mayores exportadores de acero, así como a Rusia y Turquía. Si bien China dice que no iniciará una guerra comercial, si destaca que
esas medidas van contra las normas de la OMC y paralelamente...
aprueba la reelección indefinida de su presidente
Xi Jinping.
El refrán dice "Aquellos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo", esperamos que Estados Unidos recapacite a tiempo.